El hincha más feliz del mundo

Massimo Moratti, la envidia de los enfermos.

gaston@crustule.com

¿Qué lugar hubiera tenido Massimo Moratti en el olvidable programa “El Aguante”, aquel en el que los hinchas se jactaban de lo que eran capaces de hacer por su equipo?

 

Cuando tenía 10 años, en 1955, su padre Angelo compró la mayoría del paquete accionario de la Inter, la pasión familiar. Y la presidió hasta 1968, durante su época probablemente más gloriosa. “La grande Inter”, como se la llamó en ese período, ganó, entre otras cosas, un tricampeonato de la serie A italiana, dos Champions League y dos Intercontinentales.

 

En 1995, 27 años después de que Angelo vendiera su parte, Inter había ganado la misma cantidad de ligas que el viejo Moratti en 13. Un día de ese año, Massimo se encontró con otro interista rabioso en el centro de Milán, el abogado Prisco. “¿Te decidiste a comprar a Inter, al final? ¿Me autorizás a escribirle una carta a Pellegrini?” (el entonces propietario del club). Inter estaba en una profunda crisis económica y deportiva.

 

La pasión lo llevó a tomar el riesgo. Seguramente también ayudó el consejo que su padre le había dado 15 años antes: “Tendrías que considerar comprar a Inter, porque una experiencia en el fútbol es necesaria. Ayuda a crecer, a sufrir, a mejorar”.

 

Quién sabe cuánto creció y mejoró Massimo. Sufrir, seguramente lo hizo, y mucho. Porque hasta alzarse con la liga 2005/06, a pesar de haber puesto cerca de €400 millones, su Inter había podido levantar solo una copa Uefa (la segunda en importancia a nivel continental) y una copa Italia.

 

El periodista del Corrierre della Sera que habitualmente cubre a Inter, Fabio Monti, lo diferencia del resto de los presidentes: “Es un hincha, no como los demás, que son empresarios. El único que se le pareció en eso fue Sensi” (propietario de la Roma, ya fallecido).

 

El perfil de presidente-hincha es evidente en muchos aspectos. Por ejemplo, en su impaciencia con los entrenadores. Hasta el primer scudetto con Mancini, fueron 11 los que se calzaron el buzo en 10 años.

 

También en el trato con los jugadores. Nicolás Burdisso, jugador de Inter entre 2004 y 2009, resalta la diferencia: “Uno notaba ese sentimiento en cómo te trataba, en cómo te miraba. Él venía al vestuario y te saludaba antes de los partidos o en un entrenamiento como si fuese un hincha, alguien que está esperando que juegues bien para que ganes, no porque te compró como un negocio por tanta plata y vos le tenés que rendir. Y eso lo ha llevado a hacer cosas grandiosas como llevar jugadores que después fueron emblemas y también a incurrir en grandes fracasos. Se enamoraba de futbolistas que después no tenían futuro”.

 

Y si la pasión se midiera por dinero invertido, Moratti sería el más hincha del mundo. Las sumas son irracionales. Según la revista Forbes, Moratti cuenta hoy con una fortuna de €1.060 millones. Las recapitalizaciones (aportes para solventar pérdidas) que se hicieron durante el período en el que él era socio mayoritario (tenía cerca del 80%) suman €1.250 millones. Una cuenta rápida permitiría decir que puso alrededor de la mitad de su fortuna en su amada Inter.

 

Moratti también fue un presidente romántico. Siempre buscaba jugadores que hicieran la diferencia también en los sueños de los hinchas. Cuando los éxitos no llegaban, Berlusconi, propietario de su vecino Milan, decía que el error de Inter era comprar solo delanteros. Quizás la mejor muestra de este romanticismo, está en que uno de los jugadores más amados por él era Álvaro Recoba, alguien tan talentoso como intermitente. Recordaba Moratti en un reportaje concedido al Corriere della Sera: “Debutó en San Siro con dos goles al Brescia en la primera fecha y pensé que se venía la cancha abajo; era un jugador de una enorme clase, capaz de sorprendernos no solo a nosotros sino también a si mismo”.

 

Pero Moratti también fue especial por su compromiso social y su humanidad. Entabló, por ejemplo, una relación con el Subcomandante Marcos, guerrillero del mexicano Frente Zapatista de Liberación Nacional, a partir de su colaboración en obras de infraestructura en Chiapas.

 

Los jugadores tienen un aprecio muy especial por él. Diego Milito, en Inter entre 2009 y 2014, lo recuerda como “un padre”: “Cuando tuve la lesión (rotura de ligamentos cruzados) fue el primero en llamarame, en darme su apoyo.

En momentos en los que yo no estaba futbolísticamente bien, llegaba siempre una llamada por teléfono de apoyo, brindándome afecto”. Según la crónica del diario italiano La Gazzetta dello Sport, Moratti festejó el primer gol de Milito después del parate de 220 días como si lo hubiera convertido un familiar suyo.

 

En declaraciones a Olé, al asumir como presidente de Estudiantes, Verón dijo que quería sumar características de Moratti a su nuevo rol: “Un presidente de mucho valor ha sido Moratti. Desde el carisma, desde el sentido de ser más persona, más allegado al jugador, con un perfil social muy fuerte. Es una gran referencia y tengo una gran admiración por él”.

 

Quizás la mejor muestra su lado humano es la actitud que tuvo cuando la hija de Burdisso contrajo leucemia. Moratti le dijo que, en estos casos, iba a tener que trabajar de padre, por lo que debía olvidarse del fútbol. Cuenta Burdisso: “Lo primero que hizo fue ponerme a disposición todo para hacer el tratamiento en Milán. Yo le dije que allí no quería. Hacía solo seis meses que habíamos llegado. Entonces me dijo ‘bueno, vos andá, y no te preocupes, que cuando estés listo mentalmente y todo haya pasado, volvés’. Yo le dije, obviamente, que no quería que me pagaran nada y eso para él fue un detalle, me siguió pagando”.

 

Pero los tiempos cambiaron. Los problemas financieros de la empresa familiar, la petrolera Saras, lo obligaron a Moratti a pensar en vender la parte mayoritaria de acciones de Inter. Lo hizo al indonesio Erick Thohir, el 15 de octubre de 2013. Para asegurarse de que el club se siguiera manejando con respeto hacia el hincha, hizo firmar algunas cláusulas que, de no cumplirse, retrotraerían el acuerdo.

 

Fue nombrado presidente honorario con cerca del 20% del capital accionario. Sus primeras diferencias con los nuevos socios mayoritarios surgieron por la forma de manejar el club. Aconsejaba tener más interistas y menos ejecutivos con posgrados en escuelas de negocios.

 

Un comentario suyo acerca del entonces entrenador Mazzarri (“yo ya lo hubiera echado”) desató algunas declaraciones en su contra de parte de la cúpula dirigencial actual que no fueron condenadas por Thohir. Ante esta falta de apoyo, decidió renunciar a su cargo de presidente honorario el 23 de octubre de 2014.

 

Pasaron más de veinte años desde aquel 1995, en los que sumó 16 copas a las vitrinas nerazzurras. A lo mejor, si le dieran un micrófono en “El Aguante”, más que jactarse de lo que hizo como hincha, podría inflar el pecho y decir que logró cumplir el sueño de todos ellos.

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Comments: 1
  • #1

    Juan Recalcitrante (Tuesday, 02 February 2016 19:50)

    Hermosisima historia!